Tratamiento
farmacológico: Las drogas para el tratamiento de la TBC, se dividen en dos
grupos:
-Drogas principales o
de primera línea: Bactericidas: isoniacida, rifampicina, estreptomicina,
pirazinamida. Bacteriostáticas: etambutol
-Drogas subsidiarias o de segunda línea
(usadas frecuentemente para TBC multirresistente) menor acción o de mayor toxicidad).
Etionamida, pas, cicloserina, kanamicina, capreomicina, viomicina, tioacetona, terizidona.
La curación de la TBC es posible con
antibióticos, utilizados según bases técnicas y farmacológicas adecuadas. Pero el
empleo incorrecto de estas drogas puede favorecer la resistencia del bacilo y una mayor
duración de la enfermedad con mayor posibilidad de contagio a otras personas.
El estudio de la sensibilidad del Mycobacterium
tuberculosis es primordial, porque existen cepas con resistencia específica a una,
dos o más drogas.
La educación al paciente, con una
explicación de los fines y los alcances del tratamiento antituberculoso, sumado a la
demostración de sus beneficios y también la reseña de los inconvenientes que pueden
surgir, es imprescindible para el éxito terapéutico, ya que, sin la comprensión del
paciente o sin su consentimiento es más difícil imponer la terapéutica y obtener buenos
resultados.
Isoniacida: actúa tanto en
el ambiente extracelular como intracelular y a cualquier pH, pero su actividad es menor
frente a los bacilos de reproducción lenta. Sus acciones tóxicas principales son: la
neuritis periférica y la hepatitis medicamentosa. La neuritis periférica se debe a la deplección de piridoxina del organismo, por uno o más mecanismos desconocidos, por lo
que se aconseja el suministro diario de la misma para evitar o combatir las parestesias.
La hepatitis medicamentosa se ha presentado entre 1 - 2 % de los pacientes, con más
frecuencia en los ancianos y en los acetiladores lentos (rasgo genético). Los casos
fatales se han presentado en pacientes que continuaron tomando la droga a pesar de la
hepatitis. Muchos pacientes con hepatitis tóxica grave pueden no presentar
sintomatología clínica. La mayoría de los casos se presentan en los primeros tres meses
de tratamiento. Por esto debe implementarse una vigilancia bioquímica del funcionamiento
hepático además del control de los síntomas clínicos.
La isoniacida en dosis importantes puede
producir insomnio y aún convulsiones. Otros efectos colaterales como "rash",
intolerancia gastrointestinal y alteraciones hemáticas también son posibles pero poco
frecuentes.
Rifampicina: tiene acción
bactericida para cualquier tipo de población bacilar, incluso aquellas poblaciones de
reproducción lenta.
Las reacciones tóxicas hepáticas,
expresadas por modificaciones de las enzimas, elevación de la bilirrubinemia o aún
ictericia se comprueban transitoriamente o con carácter de franca alteración de la
función cuando se emplean dosis altas y prolongadas o cuando se indica junto con
isoniacida en dosis elevadas. Si las transaminasas aumentan 3 veces respecto de la cifra
normal debe suspenderse el tratamiento y luego cuando se normalizan, se retoma la
rifampicina sin la isoniacida.
Las reacciones de origen inmunológico se
manifiestan con fiebre, escalofríos, cefaleas y alergias generalizadas han sido
observadas en los tratamientos intermitentes. Se denominan "flulike syndrome" y
pueden tener una evolución grave con falla renal, trombocitopenia y hemólisis. Se han
demostrado anticuerpos antirrifampicina circulantes, que aparecen a los 3-4 meses de
tratamiento intermitente. Cuando la rifampicina se administra diariamente el riesgo
es mínimo. Las reacciones de tipo alérgico en la piel, como urticaria, rash o
eosinofilia son poco comunes. Puede aparecer enrojecimiento en la cara y el cuello
unas horas después de la ingesta que
desaparecen espontáneamente.
La interacción de rifampicina con otras drogas es amplia. Produce inducción enzmática y
por lo tanto acelera
el metabolismo de ciertas drogas como los cardiotónicos, glucósidos, los
anticoagulantes, narcóticos y analgésicos, antidiabéticos y corticosteroides.
También interactúa con los alimentos, por lo cual es importante su administración
"EN AYUNAS".
La rifampicina disminuye la acción de los anticonceptivos orales porque acelera el
metabolismo de las hormonas estrogénicas. Esto es muy importante en mujeres bajo
tratamiento donde el embarazo no es aconsejado.
Esta droga puede colorear la orina y otros líquidos del organismo (color anaranjado) y
tiñe en forma permanente las lentes de contacto blandas. Pirazinamida: no es activa a pH neutro, pero sí a pH más ácido dentro
de las células fagocíticas y en el centro de las lesiones caseosas, por lo que se
la considera particularmente efectiva contra los microorganismos intracelulares.
Entre las reacciones adversas debe tenerse en cuenta la capacidad de provocar
hiperuricemia a causa de una disminución de la excreción renal del ácido
úrico, por lo que es importante el seguimiento con controles sanguíneos. Es posible
observar artralgias, prurito, eritema, fiebre, náuseas, inapetencia y aún vómitos.
La administración de esta droga debe ajustarse a una dosis de 25-30 mg/kg/día,
procurando no sobrepasarla pues provoca reacciones adversas, principalmente a nivel
hepático. Etambutol: su acción contra el Mycobacterium tuberculosis es de tipo
bacteriostático pues bloquea la síntesis protéica; más específicamente, la
síntesis de los ácidos nucleicos. Tiene capacidad para fijarse en el parénquima
pulmonar por lo que se obtiene una concentración mayor que la del plasma. Los valores en
el suero son más altos cuando se lo administra después de las comidas.
Entre los efectos tóxicos más frecuentes del etambutol, se encuentra la disminución de
la agudeza visual e incapacidad para distinguir los colores. Son efectos reversibles con
la supresión de la droga y con la aplicación de vitaminas del complejo B. La
neuritis óptica, con ceguera, estaría vinculada con dosis altas y sostenidas, ya
que, con dosis ajustadas al peso, esto no se observa. El paciente debe ser controlado por
el oftalmólogo, además es conveniente y práctico alertar al paciente acerca de las
dificultades de la visión o de la confusión de
colores para decidir una rápida suspensión del medicamento.
Estreptomicina: tiene
acción bactericida, aunque expresada únicamente en el espacio extracelular,
principalmente en el material caseoso y en la pared de las cavidades. Actúa mejor a pH
neutro.
La acción neurotóxica afecta al octavo par craneal en sus dos ramas: coclear y
vestibutar. Los primeros síntomas son zumbidos de oído, mareos y desequilibrio, seguidos
por pérdida de la audición. El riesgo aumenta correlativamente con la suma total
inyectada. Si la diuresis está restringida, puede producirse el mismo daño
cocleovestibular aún con dosis menores. Las lesiones pueden presentarse
tardíamente, necesitándose varias semanas para advertir los trastornos de equilibrio,
acúfenos y presión en el oído interno. Tratamiento quirúrgico (menos frecuente desde la antibioticoterapia).
* Procedimientos de resección en las lesiones cavitarias persistentes.
* Intervención quirúrgica en las complicaciones: en la hemóptisis masiva, neumotórax
espontáneo o drenaje de absceso. Aspectos psicosociales:
* Es muy importante que el personal de salud evite palabras y actitudes discriminatorias.
* Hay que dar información adecuada, ganarse la confianza y entender las circunstancias de
vida del enfermo.